Planeando el espectro

2 de Septiembre de 2019
La opinión de Enrique Carrier sobre la consulta pública lanzada por la Jefatura de Gabinete de Ministros antes de las PASO

Artículo publicado en Comentarios Blog.

En la semana previa a las PASO, la Jefatura de Gabinete de Ministros llamó a una consulta pública bajo el título “Desafíos y necesidades de espectro radioeléctrico en Argentina”. Básicamente, se trata de recibir aportes para delinear un plan plurianual de espectro, especialmente en su uso para las telecomunicaciones. Dentro de los temas a definir están sin dudas las frecuencias necesarias para 5G. No porque estén todos ávidos por lanzar servicios basados en esta tecnología, sino más bien porque tener identificadas las bandas permite planificar qué servicios se podrán dar (y eventualmente cuáles no), en cuánto tiempo y también por quiénes.

5G es una tecnología muy abarcativa, que en función de ciertas condiciones técnicas permite ofrecer servicios totalmente distintos. Un diferenciador clave está en el rango de bandas de espectro a utilizar, que son básicamente la alta, la media y la baja. En líneas generales se considera altas a todas las frecuencias por encima de los 6 Ghz (en la práctica están más allá de los 20 Ghz), las bajas las que están por debajo de 1 Ghz y las medias a las que están entre estas dos.

En las altas se obtiene muchísimo ancho de banda, pero muy poca cobertura por antena y una gran propensión a las interferencias físicas. Esto hace que sea apropiada para puntos de concentración (shoppings, estadios, estaciones), donde se puede atender a muchos terminales con buena capacidad. Pero por su poca cobertura es difícil imaginar un smartphone 5G constantemente conectado a bandas alta. La inversión en antenas sería tan monstruosa que difícilmente se dé en el corto o mediano plazo. No obstante, por sus características también es indicada para dar servicios de banda ancha fija inalámbrica (FWA), con velocidades y latencias similares a las de la fibra óptica aunque sin tener que incurrir en el costo de la acometida final en casa del cliente. Es por esto que muchos de los anuncios iniciales de redes 5G son en bandas altas, con el FWA como modelo de negocio más claro e inmediato.

Las bandas medias permiten un equilibrio entre capacidad y cobertura y se asemeja entonces a lo disponible actualmente como tecnología móvil, aunque con todas las ventajas que ofrece 5G. Claro que para que la red se luzca hace falta antes una migración importante de dispositivos móviles 4G a 5G, los cuales por ahora son pocos y de gama alta. Depende entonces mucho de la masificación de los smartphones 5G, algo que los fabricantes quisieran acelerar pero que igualmente llevaría años. El tema es que en la actualidad, no es mucho más lo que se puede hacer con un equipo 5G que con uno 4G. Esto puede atentar contra los deseos de los fabricantes, ávidos de reavivar la demanda que viene frenada a nivel global (ni hablar en Argentina). En estas bandas de frecuencia también se están produciendo los primeros lanzamientos de 5G, aunque, por lo mencionado, por ahora el modelo de negocio no está tan claro.

Las bandas bajas son las que mejor cobertura pueden ofrecer así como una menor interferencia, lo que combinado con la mayor capacidad de 5G para conectar más dispositivos simultáneamente, seguramente jugarán un rol importante en el IoT. El tema es que se necesita el desarrollo de todo un ecosistema de pequeños dispositivos, sensores, etc. para usos mayormente verticales. Y eso lleva tiempo (además de que las frecuencias bajas están más utilizadas y queda poco libre).

Volviendo al caso del mercado argentino, y más allá de la coyuntura, lo razonable parecería ser empezar por identificar y poner a disposición frecuencias en bandas altas. Esto podría dar un fuerte impulso al tan necesario avance de la penetración de la banda ancha fija, hoy situada en alrededor del 57% de los hogares. No sólo generaría más competencia (impactando en los precios) sino que permitiría también explorar modelos prepagos, sólo viables con tecnologías inalámbricas, como lo hicieron los celulares y la TV satelital. Por otra parte, como su cobertura es muy limitada, no parece apropiado hablar de licencias de alcance nacional sino hacerlo a nivel local.

En el caso de las bandas medias, aquí hay menos disponibilidad por ser un rango ya muy utilizado (1.7/2.1 o AWS, 1.9 y 2.5) en servicios móviles. Por su parte, la banda de 3,5 GHz tiene potencial para 5G, pero quizás sea necesario algún tipo de reorganización, ya que hubo asignaciones anteriores destinadas a servicios fijos. La buena noticia, aunque no inmediata, es que la industria está trabajando en formas de que una misma banda atienda simultáneamente a dispositivos 4G y 5G, lo que podría darle un soplo de aire fresco a las frecuencias ya asignadas y un alivio a los bolsillos de los operadores (al menos en teoría).

El uso de frecuencias bajas, quizás las más revolucionarias en términos de las cosas a conectar, es lo que aparece más lejano en el tiempo. Influye la poca disponibilidad de espectro así como la falta de dispositivos y aplicaciones para lograr una madurez y escalas que permitan implementaciones exitosas.

A largo plazo, las redes 5G necesitarán utilizar todo tipo de espectro (bajo, medio y alto) para poder ofrecer una amplia variedad de servicios con características muy distintas entre sí, permitiendo el desarrollo de casos de uso, como el IoT masivo, aplicaciones industriales, ciudades inteligentes, etc. Por eso es importante que si se va a poner espectro en juego, lo haya en todas las bandas disponibles, aunque no necesariamente todo al mismo tiempo. Pero como estas cosas requieren de mucha planificación (técnica y financiera) sería deseable que el panorama se comience a vislumbrar a la brevedad. Quizás no se llegue en esta gestión de gobierno que termina el 10 de diciembre. Pero debería estar entre las prioridades de la gestión que arranque al día siguiente.


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